Hace unos días estuve escribiendo este artículo, basada en la experiencia que tengo en el trabajo con familias y la necesidad que veo en ellas; lo terminé y estuve esperando que “mi dibujante” creara la imagen para este tema; en ese lapso tuve una experiencia muy rica con mi hija menor que justamente se enlaza con este artículo y quiero compartirla.
Que detalle tan tierno

Ambas teníamos miradas diferentes sobre un mismo hecho concreto, lo cual es bastante normal, pero la conversación se fue acalorando y yo notaba cómo iba trasformando su mensaje en formas y contenidos que no son parte de una sustentación de ideas; si yo olvido que ella es mi hija- para considerarme convenientemente su amiga-  entonces se inicia una discusión que puede ser lamentable antes que constructiva, y es que ahí está el asunto; no olvidar que somos padres, y que siempre estamos formando. ¿Cómo termino?: nos calmamos,  nos escuchamos y hablamos, la deje sola un tiempo y vino a mi buscando un abrazo, en medio de éste me dio un papel curiosamente doblado, lo abrí  y oh sorpresa! … decidí que ese regalo sería la imagen de este artículo.

Como madre no puedo negar que me dolió discutir con ella, porque su actitud no es usual, sin embargo, actuar de manera descontrolada – como muchas veces terminan las amigas – no ayuda y solo genera más reacciones negativas en ambas. Esta sensación tan ambigua de sentir, por un lado, que debes reaccionar ante la molestia y mostrar tu autoridad y por otro, darte cuenta que estás enseñando a sobrellevar una situación, y que mostrar tu autoridad implica tener el control; porque más adelante ellos aplicarán en sus vidas esta forma de manejar los conflictos, es todo una aprendizaje para los padres.
Más allá de mi molestia y tristeza mezclada, me quedó la incertidumbre de saber si ella me entendió, no podía sentirme culpable porque soy consciente que formar no es fácil y estas situaciones son  parte de ello. Al leer la frase al interior de su regalome quebré, pero me hizo entender cómo ella percibe las cosas y ese reconocimiento es muy valioso si viene de un hijo.


 Me sentí muy feliz por nosotras dos – a pesar de lo triste y doloroso que fue el evento-  ver cómo estamos aprendiendo juntas siempre con respeto y amor, y sobretodo que tenemos claro qué esperamos una de la otra, sin límites en el amor, pero si para el respeto que se traduce en la conducta diaria, lo que me deja en claro que no soy amiga de mi hija, sino mucho más que eso, soy su madre.


SOY AMIGO DE MI HIJO
 
Se escucha muy frecuentemente esta frase como si fuera un signo distintivo de “mejor papá “o “mamá moderna”, pues los padres suponen que cuentan con información de primera mano, en lo que corresponde a sus hijos y esto genera mayores y mejores vínculos con aquellos que solo son “padres de sus hijos”.
Este deseo de cambiar el rol de padres por el de ser además amigos de sus hijos, probablemente tenga relación con la imagen que ellos mismos tengan de la paternidad y hoy desean realizar ciertos cambios a su rol de padres.
Experiencias de hijos cuyos padres reprimían sus opiniones o los reducían en libertades y hasta excesos de control, generan que estos hijos crezcan con ciertos pendientes que les urge cambiar cuando tienen su propia familia y crean nuevas formas de relacionarse con sus hijos.

LA OPOSICIÓN:

 
Me conmovió mucho

Si deseamos elaborar un perfil de padre o madre, es porque tenemos argumento a favor de esta postura que sería bueno analizar para poder hacer un proceso personal más enriquecedor. Respondiendo las siguientes preguntas con sinceridad podrás notar si tu ideal se genera por ideas adquiridas de tu entorno social o algunas heredadas de tu familia de origen, estas últimas muchas veces nos llevan a tener un comportamiento de oposición, por ejemplo: 

  • ¿Me gustaría ser un padre o madre joven?.- Esta es una decisión tuya porque la mayoría de tus amigos ya tiene hijos, heredada  si tuviste padres jóvenes y te parece que es favorable esa experiencia, o por oposición si tienes  padres mayores y deseas cambiar ese aspecto en tu experiencia de paternidad.

Ahora a pensar :

  • ¿Me gustaría dar confianza a mis hijos para que me cuenten todo?.
  • ¿Me gustaría que mis hijos tengan libertad de acción y decisión?
  • ¿Me gustaría que mis hijos me respeten y no que me tengan miedo?
  • ¿Me gustaría que sientan que su opinión es importante para mí?
  • ¿Me gustaría que intenten nuevas actividades que yo no he realizado?.
  • ¿Me gustaría expresar mi amor verbal y físicamente sin problemas?
 
Si vemos que gran parte de nuestras respuestas son adquiridas, probablemente sea porque estamos atentos a las posibilidades de mejora al observar  nuestro entorno, muy bien, eres de los valientes!
Si en cambio notamos que nuestras respuestas van más por el lado de lo adquirido por herencia, quizás se deba a que eres una persona agradecida con todo lo que recibiste, pues sin duda somos la suma de todo el esfuerzo que nuestros padres hicieron para formarnos, y eres de aquellas personas que cuenta con la seguridad de dar pasos similares, no iguales, porque siempre vas a querer mejorar aquello que aprecias como regalo. Tu eres de los agradecidos!
Si la mayoría de tus respuestas van dando cuenta que nuestra postura es más la de oposición, debemos tener en claro qué es precisamente lo que no nos gustó, y ser sinceros con nosotros mismos:¿ había otra alternativa para mis padres?¿ Fue desconocimiento? ¿Fue falta de oportunidad? ¿heredaron ellos esta forma de crianza?
Y muchas preguntas más que nos dan cuenta que ningún padre o madre piensa en dañar a su hijo, sin embargo a veces permitimos que las circunstancias avalen nuestros errores, la gran pregunta para ti es ¿ También tu seguirás cometiendo el error? Si estás dispuesto a ser una mejor versión de ti mismo, eres de los valientes, agradecidos y resilentes!!
 

Te dejo esta tarea para analizar, resolver y compartir en familia,  tal vez te des tiempo de retomar temas que te das cuenta tienes pendientes con alguien más, en breve publicaré la segunda parte de este artículo.    CLICK AQUÍ PARTE 2

 
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