La niñez es la etapa de la vida que se caracteriza por el juego y el constante aprendizaje; esto no quiere decir que dejemos de lado la organización del tiempo de nuestros hijos enseñándoles rutinas para generar buenos hábitos; sino que debemos incluir en sus rutinas un ingrediente básico :el juego, que será su principal manera de aprender, muchas veces, sin darnos cuenta, brindamos a nuestro hijos una rutina que va en contra de esa espontaneidad y como consecuencia sus conductas cambian.
 Vemos que no disfrutan de los canales de televisión por mucho tiempo, pierden interés por los juguetes, no salen con frecuencia al parque, y están alterados constantemente; una manera constructiva de canalizar estás sensaciones agobiantes de aburrimiento y la conducta que puede estar al límite, es a través del dibujo. El dibujo es un proceso maravilloso y complejo para el niño, porque va descubriendo y creando significados en su propia obra; realizar esto no es sencillo pero resulta ser muy gratificante para la gran mayoría.
 ¿ES IMPORTANTE?
Pues sí lo es, aunque como adultos no logremos comprender a qué se parecen las “obras de arte” de nuestros hijos, ellos están ganando mucho en su desarrollo armónico, es decir no solo se limita al ejercicio del trazo, sino que además desarrolla la capacidad de percibir su entorno y plasmarlo de diversas maneras. Educando esta percepción del mundo, se activan todos los canales sensoriales, esto facilita el aprendizaje futuro, y ayuda a su coordinación y desarrollo motor. Es en pocas palabras, una manera de comunicarse con otros y con él mismo, expresando la manera de ver el mundo que lo rodea. 
¿CÓMO SE INICIA? 
Los primeros trazos, ocurren alrededor de los 18 meses; antes de ello el uso del lápiz, puede ser peligroso para el niño, por la falta de control de sus movimientos. En estos primeros intentos las grandes líneas no tienen en cuenta la dirección, pero resulta muy atractivo para los pequeños que desean transmitir algo, que más adelante se convertirá en dibujo y posteriormente en escritura. Preguntarle ¿qué pintas? Y colocar su respuesta como leyenda, le hace pensar que su producción es real y totalmente comprensible para los adultos. No deje de mostrar interés. 
El garabateo tiene que ver con la manera como utiliza el lápiz y la posición del puño, progresivamente logra el control de cada segmento (brazo, muñeca, dedos, etc) por lo cual no tiene fuerza, ni dirección. El uso de grandes espacios para garabatear es importante, porque sus obras de arte serán grandes mientras logran dominar el espacio poco a poco, llegando con el tiempo a limitarse a una hoja. 
El entusiasmo por garabatear empieza cuando el niño descubre que tras su movimiento se realiza el trazo (causa y efecto) esto a su vez, ayuda a que desarrolle su ubicación y dominio del espacio así como también el acompañamiento visual de sus trazos, que luego se convertirá en el patrón de lectura y escritura. 
La idea de plasmar la realidad, nace por la motivación natural del niño en reproducir todo aquello que le es familiar; esto no quiere decir que debemos exigir a los pequeños en la perfección de sus trazos, pues no cuentan con esa capacidad debido a su inmadurez.
Dibujar cosas de su entorno, y aquellas que son más significativas para él, serán el punto de inicio para comunicar todo a través de la figura que intenta plasmar; le resultará más satisfactorio siempre y cuando los padres presten atención a estos esfuerzos gráficos y comunicativos.
DESCUBRO Y PROGRESO
A medida que los niños van creciendo, aumentan las posibilidades en sus trazos.
• En la primera etapa, desde que el pequeño coge un lápiz no le presta interés a la elección del color, pero sí a la forma: Por ello, cuanto más pequeño sea el niño, los materiales deben ser más llamativos y fáciles de manipular para él. Consideremos que para sostener el lápiz, por lo general lo harán de manera primitiva, es decir con todo el puño sin utilizar la muñeca para los trazos. (solo de lado a lado y de arriba hacia abajo).
 En esta etapa no contemplan los espacios para dibujar “dentro de”, es recomendable brindarle materiales grandes donde puedan libremente hacer uso de su imaginación. Es por esto que a veces vemos que los niños disfrutan pintando los muebles, piso y paredes de la casa al encontrar espacios grandes, donde pueden plasmar tanto como quieran comunicar. 
• La segunda etapa ya se observa más control de los movimientos y además cuenta con más experiencias y vocabulario, por lo que disfrutará dibujando a sus padres, juguetes, amigos etc; y les pondrá nombre a cada cosa. Lo más importante es escucharlo y saber reconocer cómo él aprecia el mundo que lo rodea, a veces dan características verbales que no se aprecian en el dibujo, debemos dejar de lado la idea de perfeccionar el dibujo o corregirlo. 
Ya considera la idea del color y puede distinguirlo de manera que también eso comunicará sus preferencias al diseñar su dibujo, esta forma de comunicarse se incrementa si el niño cuenta con diversos materiales para hacerlo y se acostumbra a darse un tiempo para ello. Todos sus trabajos nos dicen algo de sí mismo, porque no solo se limita a intentar imitar su realidad, sino que además es una manera de reforzar la idea que tiene interiormente de las cosas; sin embargo no debemos caer en el error de preocuparnos si algo que nos expresa de manera verbal o gráfica, no se adecua a la realidad, o intentar interpretar todo lo que nos ponen delante; pues en ambos casos estamos frenando sus ganas de descubrir y su creatividad. 
• A partir de los 4 años el garabateo se convierte en algo más definido, esta evolución será notoria no solo en las formas, líneas, longitudes y objetos que pretende dibujar; sino que además, creará pequeñas historias las mismas que luego de un tiempo vuelve a ver y reconoce como obra suya e incluso da “lectura” de su obra de arte. 
La maduración permite una evolución en su trazo, pues ahora los niños mueven las muñecas si necesitan hacer algo más fino, modulan su presión (cosa que antes no sucedía) su postura, eligiendo aquella que lo haga sentir más “inspirado”, disocia los dedos dejando de atrás el puño para coger el elemento y controla su prensión.
Cuando hablamos de postura, se me viene a la mente el niño que esta boca abajo en el suelo, escribiendo o dibujando; por muy extraño que parezca, esto es algo beneficioso sobre todo en ciertos momentos para el niño, porque le da la sensación de base, con la que no cuentan ni al escribir ni al dibujar (nada tiene piso) y la información sensorial que reciben a partir de la postura la trasladan a su ejercicio manual. Así vemos a los más pequeños dibujando cómodamente en el suelo hasta lograrlo; más adelante imitan a los mayores y trabajarán en un escritorio o mesa; si tu hijo ya escribe y notas que la letra tiene otra dirección (hacia arriba o hacia abajo) invítalo a romper con la rutina y escribir en el suelo, verás sus beneficios.
 Los primeros dibujos de la figura humana se les conocen como monigotes infantiles, aquellos que pueden darnos la idea de persona pero que no cuenta con detalles. En el jardín de infancia la profesora permitirá el dibujo libre como parte de expresión y desarrollo, y colocará una leyenda para que los padres sepan qué es lo que se ha dibujado, (esta leyenda es la referencia que da el niño mientras lo realiza).
 Este monigote infantil tiene la característica de contar con una cabeza grande, y un tronco del cual salen los brazos y piernas, los únicos detalles que se observan- dependiendo de la edad del niño- estarán situados en el rostro. Esta figura la harán muchas veces porque disfrutan hacerlo y con ello van mejorando en su calidad de trazo, es bueno brindarle distintos elementos para que pueda crear y probar distintas maneras de dibujar. 
Como parte de su madurez observaremos que a medida que va dominado sus esquema corporal va añadiendo detalles en él: pestañas cejas, dedos, cuello; y también en el cuadro: suelo, cielo, objetos a su alrededor, etc.
 Ideas: 
  • Favorecer esta actividad asignándole un tiempo y espacio físico para que el niño pueda crear libremente. Si la casa es pequeña o no hay espacio suficiente, puedes intentar hacerlo al aire libre. 
  • Usar distintos elementos, para los más pequeños se recomienda el uso de colores jumbo (triangulares o hexagonales) para facilitar la postura correcta y cómoda. También crayolas, témperas, acuarelas, plumones, y elementos diversos con los que se conjugan: esponjas, pinceles, papel corrugado, dedos, manos, etc.

  • Pueden crear texturas con papeles, goma, arena, y todo lo que la imaginación permita siempre y cuando tengas presente la seguridad de tu hijo, no olvides que cuando están muy pequeños todo lo explora primero con la boca. Todos los materiales no deben ser tóxicos. 
  • Cuanto más pequeño sea el niño usa materiales más grandes. Utiliza primero los papelógrafo o papelotes, luego las hojas A3, A4 y así hasta que obtenga el dominio del espacio, si no te estás seguro aún puedes colocar mantel de vinil o papeles periódicos para proteger la base. 
  • No olvides estimular esos momentos de creatividad con buena iluminación, ventilación y música. 
  • Es recomendable colocarles ropa especial para estos creativos momentos, podemos utilizar polos de mamá o papá que le cubrirán casi todo el cuerpo y lo disfrutan mucho.
  • Recordemos que lo importante es expresarse y mantener la comunicación, utilicemos todos los recursos expresivos más aún si el niño lo disfruta y es tan favorable en su desarrollo; a veces los padres de hijos adolescentes quisieran retroceder a esta etapa intentando leer el pensamiento de sus hijos a través de los dibujos, para saber que piensan y sienten debido a que es frecuente a esa edad que los hijos se enfrasquen en sus “propios temas.”
  •  Los adultos no nos permitimos espacios así, o nos limitamos a decir “yo no sé dibujar” dejemos que los beneficios de la creatividad nos permita cambiar de actitud, y disfrutemos de estas actividades juntos.

Espero haberles dado UNA MANITO en el tema

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